17/1/07

008 - Daniel vuelve y otras cosas interesantes (¡Sí!)

Viernes 7 de julio de 2006 - Bree



"Perdón por el drama, pero estaba muy enfadada y por eso colgué el vídeo. De todas formas, Daniel ha vuelto, todo está bien y vamos a decorar mi habitación. ¡Ah! Y hablaremos de tortugas y hormigas :)"


TRANSCRIPCIÓN:
Bree: Bien, como podéis ver, Daniel está aquí y todo ha vuelto a la normalidad. Hoy voy a pasar algunas cosas de este lado de la habitación al otro lado. Tomé la decisión tras muchas horas pensando y reflexionando. Básicamente, lo que he pensado ha sido que esa parte del cuarto, la que se ve en los vídeos, necesita un poco más de decoración, así que...
(Pone unas fotos en un marco y baila con “la boa”.)
Vale, voy a contaros una de mis historias favoritas del libro “Breve historia del tiempo” de Stephen Hawking. La cosa es que hay un científico que está dando una conferencia, y les dice a todos que la Tierra gira entorno al Sol, y que el Sol gira entorno a un montón de estrellas, llamado galaxia. Entonces una mujer mayor sentada al fondo de la sala, levanta la mano y dice: “Bueno, eso no son más que tonterías. Todos sabemos que la Tierra es un plato de comida puesto en la espalda de una tortuga.” Y el científico contesta: “Bueno, vale; ¿y dónde está puesta la tortuga?” Y la señora se queda pensando y al final dice: “Ah... usted es un listillo, jovencito, pero me temo que son todo el rato tortugas unas encima de otras.”
(Sigue decorando la habitación.)
Vale… no os gustan las tortugas. Hablemos de hormigas. Esta anécdota está sacada de uno de mis libros favoritos “Debe estar de broma, Sr. Feynman”. El libro contiene unas cuantas historias de la vida del físico más listo que ha habido nunca, Richard Feynman. Era muy listo. Como Einstein de listo. Como Newton de listo. ¡Como el professor Tornasol, de listo! Pues bueno, a Feynman le gustaba hacer experimentos con todo aquello que no entendía. Ya sabéis, antes que buscarlo en un libro, prefería descubrirlo por sí mismo. Y quería saber cómo encontraban la comida las hormigas. Hizo el experimento poniendo montoncitos de azúcar por la habitación y a las hormigas en una hoja de papel, que él mismo movía para confundirlas. Y lo que descubrió fue que las hormigas, una por una, son muy, muy tontas. Pero cuando trabajan juntas, pueden hacer cosas increíbles. Por ejemplo, el grupo de hormigas pudo encontrar el montoncito de azúcar en la otra punta de la habitación siguiendo un rastro químico que, para una hormiga, es como estar tomándose un café en Los Ángeles, y oler un Bollycao en Nueva York. Están muy lejos.
(Bree empieza a mirar a Daniel que está jugando con la revista y la da vueltas sobre un dedo como si fuera una masa de pizza.)
En fin. Esto ha sido todo. ¡Adiós!
(Vuelve a salir Bree jugando con la boa.)